Superalimentos

Una de las consecuencias de la crisis del coronavirus es que ha aumentado nuestra preocupación por fortalecer nuestro sistema inmune, fundamentalmente, por medio de la alimentación. Y, en ese terreno, los superalimentos parecen ser el remedio perfecto, pero… ¿son tan beneficiosos realmente?

Quinoa, bayas de Goyi, kale… son algunos de los ejemplos de los llamados superalimentos que puedes encontrar cada vez más presentes en cualquier supermercado. Y lo cierto es que el propio nombre ya de por sí resulta muy atractivo. Sin embargo, a la hora de la verdad, la gran mayoría de nutricionistas coinciden en que su fama no está realmente justificada.

Si bien es cierto que tienen muchas propiedades, muchos otros alimentos de nuestra famosa dieta mediterránea también los tienen. Y la diferencia entre unos y otros puede estar en el exorbitado precio que tienen algunos de ellos por haberse puesto de moda.

Lo que está claro, y desde Vivienda Saludable lo suscribimos al 100%, es que la clave para una buena alimentación -y por consiguiente el fortalecimiento de nuestras defensas- es una dieta saludable y equilibrada, adaptada a nuestra edad y condición física.

Eso no quita que podamos introducir en nuestra dieta nuevos alimentos, sobre todo, si nos van a traer beneficios para nuestra digestión, dan un mayor aporte de energía, contribuyen a reducir el colesterol

Algunos superalimentos que podemos incluir en la dieta:

  • Quinoa: No tiene gluten y es muy rica en aminoácidos. Aporta proteínas de alto valor biológico y también es muy rica en fibra de fácil digestión. Son un aporte de hidratos de carbono complejos, que es nuestra fuente de energía diaria.
  • Chía. Las semillas de chía son ricas en ácidos grasos Omega 3 y 6, fibra, minerales y antioxidantes. Nutrientes que nuestro organismo necesita para realizar diversas funciones correctamente. Por ejemplo, un nivel adecuado de Omega 3 y 6 contribuye a regular la presión arterial y el colesterol en sangre.
  • Kale. Es un tipo de col rizada. Se trata de la hortaliza que más proteínas vegetales, antioxidantes y fibra aporta al organismo. Es una importante fuente de calcio y otros minerales como el hierro, vitaminas C y K.
  • Espirulina. Un alga muy nutritiva que destaca, sobre todo, por su alto contenido en proteínas de fácil asimilación por el organismo. Oxigena nuestra sangre y nuestro cerebro, gracias a la enorme cantidad de clorofila que posee.
  • Jengibre. Aunque su sabor picante no es apto para todos los paladares, ni para todos los estómagos, esta planta de la familia de los tubérculos se usa como remedio antioxidante, antiinflamatorio y analgésico. Además, reduce el llamado colesterol malo y tiene propiedades afrodisiacas.
  • Cúrcuma. Es la raíz de una planta herbácea y tiene muchas propiedades antioxidantes. Además, dispone de muchos nutrientes que ayudan a reducir la sintomatología de trastornos como la hepatitis, flatulencias, dolor de muelas…
  • Bayas de Goyi. Su valor nutricional hace que sean un sustituto perfecto a otras frutas secas con mayor contenido de azúcar. Poseen un alto contenido en vitamina A y C, hierro, cobre, selenio y riboflavina (un tipo de vitamina B).
  • Semillas de lino. Son ricas en muchos nutrientes y vitaminas, lo que hace que tengan distintas propiedades beneficiosas: aumenta la vitalidad y la energía, evita infecciones y reduce la probabilidad de desarrollar diabetes o enfermedades cardíacas.
  • Té Matcha. Debido a la cafeína que contiene, puede ser un sustituto del café. Contiene una cantidad concentrada (unas 137 veces más que otros tipos de té verde) de catequinas, unos compuestos que actúan como antioxidantes naturales. Ayudan a estabilizar los radicales libres para prevenir el daño celular y el riesgo de sufrir varias enfermedades crónicas.

Es importante recalcar que, no por aumentar el consumo de estos productos, vamos a experimentar un cambio radical en nuestra salud. Como decíamos, la clave está en tener una dieta variada (la mediterránea de toda la vida) que incluya alimentos de temporada y de proximidad, y combinarla con ejercicio regular y una buena rutina de sueño.

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