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La huella ecológica es reconocida como uno de los principales indicadores de sostenibilidad a nivel mundial. Contribuir a reducirla está en la mano de todos nosotros y puede empezar por algo tan simple como reducir la cantidad de residuos que generamos en casa.

De forma coloquial podemos decir que la huella ecológica es una manera de medir el impacto que va dejando nuestra vida cotidiana en el Planeta. O explicado de una manera más exhaustiva: “La huella ecológica representa el área de aire o agua ecológicamente productivos (cultivos, pastos, bosques o ecosistemas acuáticos) necesarios para generar los recursos necesarios y asimilar los residuos producidos por cada población determinada de acuerdo a su modo de vida específico, de forma indefinida”.

Entre las cosas que podemos hacer para reducir la huella ecológica se encuentra disminuir y tratar convenientemente los residuos, no despilfarrar energía y ni agua y, por supuesto, cuidar lo máximo posible el medio ambiente.

Dentro de estas causas, en esta ocasión nos vamos a centrar en una de las más importantes: la generación de residuos.

Ya hemos hablado en otras ocasiones de las tres R (reducir, reutilizar y reciclar) y en especial de las dos últimas, es decir la reutilización y el reciclaje. Pero hoy queremos centrarnos en la primera, es decir, en el antes, en cómo reducir la cantidad de residuos que generamos mediante, por ejemplo, la prolongación de la vida útil de nuestros objetos cotidianos. De esta forma no llegaremos a producir el desecho, lo cual es mucho mejor que tener que tomar medidas después para compensar el daño.

En una sociedad en la que desgraciadamente cada vez tienen más presencia los bienes de “usar y tirar” y la compra compulsiva e irreflexiva, hemos de ser conscientes del problema que esto genera y tender hacia un consumo más responsable, orientado a la compra racional, al mantenimiento y reparación de los bienes e, incluso, a su uso compartido.

Cómo reducir nuestros residuos

Algunas de las maneras de reducir residuos son muy sencillas y basta con que las tengamos  en mente y no se nos olviden:

  • Lo primero de todo es tratar de hacer una compra responsable, intentando adquirir sólo aquéllos productos que realmente necesitamos, huyendo de los envases monodosis o con  exceso de envoltorio que no nos aportan nada más que desechos. Para ello una buena opción es consumir productos frescos, ya que se ahorra tanto en el envoltorio como en transporte (si son locales, mejor aún). Y encima son más saludables. No te olvides aquí de que un buen hábito está en reutilizar las bolsas y si puedes evitar que sean de plástico mejor que mejor, uno de los elementos más contaminantes y que más tarda en desaparecer.
  •  También es importante que trates de usar envases duraderos y botellas de vidrio ya que, si no se nos rompen, tienen un ciclo de vida bastante largo.
  •  Trata de elegir productos de calidad, con una larga vida útil. Apúntate la máxima: más vale uno bueno que varios malos. Cuanta más vida útil tenga un producto y más tiempo puedas usarlo, más tardará en convertirse en basura. Por eso, ni qué decir tiene que además de decantarnos por productos de calidad, debemos tratarlos con cariño para que tarden más tiempo en acabar en el contenedor.
  • También es una buena opción el intercambio de productos. Muchas veces ya no los usamos, pero están en buen estado y a alguien les pueden servir. Esto podemos hacerlo incluso a nivel familiar o de amigos. Quizá a ti ese pantalón ya no te gusta, pero a tu amiga le encantará.
  • Con respecto a los aparatos eléctricos, intenta que un técnico te los repare antes de darlos por  perdidos. A veces la reparación es posible y nos precipitamos deshaciéndonos de ellos. Y si ya definitivamente no tienen arreglo, ten en cuenta que en muchos de los establecimientos donde los venden, también reciben los antiguos ya que algunos de sus componentes pueden tener una nueva vida. Y si no, siempre te queda el punto limpio de tu localidad para llevarlos.
  •  Y ya para concluir, otro modo cada vez más popular de reducir la basura que generamos es el compostaje casero. Casi la mitad de nuestros residuos del hogar son materia orgánica, por ello es posible convertirlos en abono para las plantas.

¿Se te ocurren más maneras de reducir los residuos que producimos a diario y, por tanto, parte de nuestra huella ecológica? Cuéntanoslo.

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