Ácaros en la alfombrilla de baño

Los baños son estancias propicias para la proliferación de ácaros, los causantes de muchas alergias y problemas respiratorios. Te contamos cómo evitar su aparición y cuidar tu salud.

Los ácaros son una subclase de arácnido que se encuentran colonizando prácticamente todos los ambientes de nuestro planeta, suelen tener un tamaño medio comprendido entre 0,1 y 0,5 mm y son los responsables de una gran variedad de alergias.

Cómo se desarrollan los ácaros

En los ambientes domésticos solemos encontrar ácaros porque se pueden alimentar entre otras cosas de los restos de piel y de cabello de las personas, por lo que obtienen una gran fuente de alimento en todos aquellos textiles que entran en contacto con el cuerpo.

Sin embargo, para desarrollarse necesitan unas condiciones ambientales específicas cuyos valores óptimos son temperaturas superiores a 20º C y humedades comprendidas entre el 70 y el 80 %.

Además, aunque la luz ambiental no afecta a su crecimiento, las radiaciones solares y, más concretamente, la radiación ultravioleta sí que inhibe dicho crecimiento, en primer lugar porque seca la zona, disminuyendo las condiciones de humedad necesarias para el desarrollo y, en segundo lugar, porque los daños celulares que la propia radiación ocasiona.

Ácaros en el baño

Analizando todos estos datos no es de extrañar que los baños sean un lugar muy propicio para la aparición de los ácaros, ya que se cumplen todos los condicionantes necesarios para su desarrollo: alta humedad, buena temperatura y generalmente ausencia de luz solar directa. Además existen lugares en los que el aporte de alimento para estas microarañas, como pueden ser las toallas y las alfombrillas.

No prestar atención al posible incremento de las concentraciones de ácaros en diversos lugares del hogar, como puede ser en el baño, puede llegar a producir efectos perjudiciales a nivel del sistema respiratorio, especialmente aquellos relacionados con las reacciones alérgicas.

Evitar o reducir la presencia de ácaros

Evitar esta problemática es bastante sencillo una vez conocidas las condiciones óptimas en las que proliferan, puesto que basta con eliminar dichas condiciones de manera permanente en la medida que esto sea posible y provocar artificialmente aquellas condiciones que no sólo evitan que incrementen su número sino que además los destruye.

De este modo, una buena y frecuente ventilación disminuye la humedad del habitáculo, especialmente después del baño o de la ducha. Esta recomendación se antoja imprescindible ya que en ocasiones es casi lo único que se puede hacer, ya que no se pueden evitar las temperaturas medias ni se puede exponer la zona a las radiaciones solares directas. De hecho, en ocasiones incluso no es posible ventilar ciertos baños.

Por ello, la frecuencia con la que se realizan actuaciones que puedan destruir los ácaros ha de ser más elevada. Es recomendable que las toallas y alfombras se sequen al aire libre, preferiblemente al sol después de cada uso o al menos una vez al día y que sean lavadas en caliente, en torno a los 60º C una vez a la semana.

Lo ideal sería que en la medida de lo posible los baños constasen de ventanas al exterior de manera que pudiesen ser ventilados y bañados por la luz solar.

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